Gráfica de los puntos vitales de las manos

Los puntos vitales en esta gráfica de mano, corresponden a los de los pies. Ocasionalmente los pies pueden ser demasiado sensibles para una típica terapia de puntos vitales.

El trabajo con las manos no sólo afectará a los puntos específicos del cuerpo, sino que también puede ayudar a proporcionar alivio del dolor a los puntos correspondientes en los pies.

Gráfica de los puntos vitales de los pies

 

Puntos internos del aparato auricular

 

Sistema nervioso autónomo 

 

Tracto digestivo

El tracto gastrointestinal es un tubo de entre 762cms  y 975cms de longitud, que comienza en la boca y termina en el ano. Este comprende la boca, la faringe, el esófago, el estomago, el intestino delgado (Duodeno, yeyuno, e íleon) el intestino grueso (Ciego, colon ascendente, colon transversal y colon descendente), el recto y el ano. Órganos accesorios  – El hígado, páncreas y vesícula biliar – todos juegan un rol muy importante en la digestión.

La digestión comienza cuando la comida se mezcla con las enzimas en la saliva. El proceso es acarreado hacia el estomago por el ácido clorhídrico y la pepsina. La comida es licuada en el estomago y pasa hacia el intestino delgado donde se desbarata aun mas por las enzimas digestivas hacia el páncreas (Proteínas de digestión de proteasa, carbohidratos digestivos de amilasa, y grasas digestivas de lipasa)… La vesícula biliar secreta la bilis para ayudar a la absorción de grasas y vitaminas solubles en grasa.

La mayor cantidad de absorción toma lugar en el intestino delgado mientras agua, electrolitos, y algunos de los restos de la digestión son absorbidos el el intestino grueso.

 

 

Nariz y sistema respiratorio

 

Nuestro cuerpo necesita absorber oxígeno, que es captado por los pulmones mediante la inspiración, y liberarse del dióxido de carbono, que sale durante la espiración. Como se ha mencionado anteriormente, el oxígeno es utilizado en la respiración celular, proceso por el que se obtiene energía descomponiendo la glucosa. Al igual que una vela, que sin oxígeno no puede arder, nuestro organismo no puede quemar la glucosa si no respira.

LA NARIZ: Consta de una parte externa y de una interna, que es mucho mayor que la primera. La parte externa sobresale de la cara y está formada por una cavidad dividida en dos mitades por el tabique nasal. A través de ella entra el aire en la cavidad interna de la nariz, que descansa sobre el paladar duro.

Está formada por tres pares de cornetes nasales, que son unas estructuras óseas que forman parte del et-moides (cornetes superiores y medios) o que tienen su hueso propio. Estos cornetes se encuentran recubiertos por la mucosa nasal.

La mucosa de los cornetes superiores es la olfativa y en ella se encuentran las células encargadas de captar moléculas olorosas. En los cornetes medios e inferiores la mucosa tiene otra función. Debe calentar el aire que vamos a respirar y filtrar las impurezas que se hallan en él; además, secreta un moco en el cual existen células defensivas, que protegen al organismo de las infecciones. Por otra parte, si el aire está demasiado seco, es humedecido en la nariz por unas glándulas.

Cuando en la nariz entran partículas de polvo que ocasionan irritación, se produce el estornudo, que es una inspiración brusca de aire seguida de una espiración

LA FARINGE: Pasando desde la nariz por el conducto nasofaríngeo, el aire calentado, humedecido y libre de impurezas pasa a la faringe. Este tubo, de 14 cm de longitud y muy musculoso, se halla revestido de mucosa y tiene en su parte superior o rinofaringe la amígdala faríngea, formada por tejido defensivo. Aproximadamente en la misma zona se comunica con las fosas nasales y con las trompas de Eustaquio, que van a parar al oído medio.

Además, la faringe absorbe el aire que inspiramos por la boca, ya que desciende por la parte trasera de la cavidad bucal y se comunica con ella en una región llamada bucofaringe. Por la faringe pasan, pues, tanto el aire como los alimentos. Más abajo se encuentra la comunicación con el tubo digestivo por el esófago y el respiratorio por la laringe.

LA LARINGE: Es una especie de vestíbulo entre la faringe y la tráquea, y está formada por varios cartílagos articulados entre sí, que son movidos por músculos y están forrados de mucosa.

En la parte superior se encuentra la epiglotis, que es la válvula de cierre de la tráquea cada vez que tragamos alimento. Si el mecanismo de cierre falla y alguna partícula de alimento se cuela en la laringe, se produce la tos, que es un mecanismo de expulsión.

La zona central se denomina glotis y en ella se encuentran las cuerdas vocales, encargadas de producir los sonidos. Cuando la glotis está abierta se produce la respiración; cuando está cerrada se produce la voz, cuyo tono se controla por la tensión y longitud de las cuerdas vocales, por entre las que pasa una veloz corriente de aire. Además la voz de acaba de modular en la nariz, que es una especie de cámara de resonancia, y en la boca donde se articular las consonantes.

LA TRÁQUEA: Este tubo elástico, de 11 cm de longitud, se divide en la parte inferior para dar lugar a los dos bronquios. Su diámetro es de unos 2 cm y su principal característica son unos dieciocho anillos en forma de herradura, unidos entre sí mediante ligamentos. En su interior existen células ciliadas, es decir, provistas de pelos, que con su movimiento lanzan hacia arriba las partículas extrañas que han penetrado en la tráquea.

Los dos bronquios principales, que han surgido de la división de la tráquea, se van dividiendo en bronquios más pequeños, en número de diez a cada lado. Estos también se subdividen y dan lugar a los bronquiolos, que tienen 1 mm de diámetro y penetran en el interior del pulmón. Este conjunto de conductos tiene forma de árbol invertido, por lo que recibe el nombre de árbol bronquial.

La respiración y la fonación El aire que penetra a través de la boca o las ventanas nasales, llega a la faringe, a partir de la cual, y contrariamente a como lo hacen los alimentos, enfila el conducto anterior de los dos que se le ofrecen, o sea la laringe.

PRODUCCIÓN DE LA VOZ. Además de conducir aire, la laringe posee en su interior un dispositivo encargado de producir la voz. La laringe es, pues, el órgano fundamental de la fonación. Está situada en el cuello y puede apreciarse desde el exterior, sobre todo en los hombres, en los que constituye la llamada nuez de Adán. La laringe femenina es más pequeña que la masculina.

La laringe está formada por una serie de cartílagos, unidos entre sí por sus correspondientes articulaciones. Su superficie interna aparece recubierta por una túnica muy lisa, llamada mucosa. La porción esencial para la fonación la forman las llamadas cuerdas vocales, dos membranas en forma de cinta, insertas a cada lado del conducto, limitan entre sí una hendidura en la parte media de dicho tubo.

Son ellas las que, vibrando a modo de cuerdas musicales, originan los sonidos y ruidos que componen la voz humana, gracias al aire procedente de los pulmones. Los huesos, las articulaciones y los músculos laríngeos sirven para tensar o relajar dichas cuerdas y de ese modo variar el tono de la voz emitida.

La laringe no emite más que un determinado caudal de voz para tono, mientras que su modulación y articulación se efectúa en otros órganos (boca, dientes, lengua, etc.).

LA TRAQUEA Y LOS PULMONES. El conducto que lleva el aire desde la laringe hasta el tórax, se llama tráquea y es un tubo aplanado en su cara posterior, pero no rígido, pues posee cierta elasticidad y movilidad. Sus paredes están formadas por una serie de anillos cartilaginosos (entre 15 y 20), unidos entre sí por tejidos de sostén.

Su superficie interna está recubierta por una mucosa que alberga glándulas encargadas de segregar moco. Una vez que ha alcanzado la porción superior del tórax, la tráquea se divide en dos conductos denominados bronquios, de forma cilíndrica, idénticos a la tráquea.

Después de un trayecto muy corto (entre 2 y 5 cm), se introducen en el interior de las masas pulmonares.

En los pulmones es donde se efectúa la verdadera respiración, o sea, el intercambio de gases. Son dos órganos, uno derecho y otro izquierdo, y comprenden entre ambos un espacio medio, ocupado en parte por diversas estructuras (vasos, nervios, bronquios, ganglios linfáticos, etc.), llamado mediastino.

Los pulmones están relacionados por su base con el diafragma y por su vértice con el hombro. Su cara redondeada está orientada hacia afuera y la plana hacia dentro.

De este modo, son precisamente las dos caras planas (una de cada pulmón) las que delimitan lateralmente el mediastino. Cada pulmón se divide en otras unidades de menor tamaño llamadaslóbulos (tres para el derecho y dos para el izquierdo), subdivididas a su vez en porciones más pequeñas de tejido pulmonar, denominadas lobulillos. Los bronquios, una vez que han penetrado en su correspondiente pulmón, se subdividen y proporcionan numerosas ramificaciones a las diversas porciones del mismo.

La distribución bronquial remeda perfectamente el ramaje de un árbol y sus finísimas terminaciones desembocan en una gran cantidad de minúsculos sacos de aire, llamados alvéolos pulmonares, a los que podríamos comparar con las hojas de un árbol. En cada milímetro cúbico de tejido pulmonar se cuentan unos 250 alvéolos y sumados los de ambos pulmones, forman una superficie de unos 80 a 90 m cuadrados.

Es imposible dejar de maravillarse de que un órgano cuyas dimensiones alcanzan sólo unos 25 cm de altura y 16 cm de diámetro anteroposterior, presente una estructura y una superficie interna tan enorme. Entre los dos bronquios y, especialmente en el espacio que dejan entre sí los alvéolos pulmonares, se encuentra, a modo de relleno, el tejido de sostén que proporciona consistencia al órgano y actúa, además, como medio de conducción de una serie de elementos, tales como vasos y nervios.

La circulación sanguínea del pulmón es especial y puede compararse, en cierto modo, a la del hígado. En efecto, al igual que dicho órgano, presenta dos tipos diferentes de circulación. Una que recibe la sangre por las arterias bronquiales para su propia vida (sangre oxigenada) y otra la que le dan las arterias pulmonares (sangre impura) a fin de que la oxigene.

La superficie externa de los pulmones está recubierta por una membrana denominada pleura, parecida a un saco. Pero además existe otra hoja pleural que tapiza la superficie interna de la caja torácica. De este modo toman contacto ambas hojas pleurales: la visceral (o sea la que envuelve a la víscera en forma de saco) y la parietal (es decir, la que tapiza la pared torácica).

Dicha disposición anatómica está destinada a facilitar los movimientos respiratorios, ya que al poseer las pleuras una gran lisura, se produce durante aquéllos un suave deslizamiento entre ambas hojas.

LOS PULMONES: Los pulmones están situados en la caja torácica y tienen unos 26 cm de altura por 15 cm de anchura, con una capacidad de 2,5 litros de aire cada uno. Se hallan apoyados sobre el diafragma, y su parte superior se encuentra a la altura de  la  primera vértebra torácica.

Cada pulmón está dividido por raerá en varios grandes lóbulos, que en el derecho son tres y en el izquierdo sólo dos. Ello es debido a que el corazón se encuentra junto al pulmón izquierdo y le quita parte del espacio. En la zona de entrada de los bronquios penetran también en el pulmón los vasos sanguíneos, los vasos linfáticos y los nervios.

La arteria pulmonar lleva la sangre que precisa ser oxigenada, mientras que las venas pulmonares se llevan hacia el corazón la sangre lista para su uso, para que sea utilizada por todo el cuerpo. Con ello se completa la circulación pulmonar o menor. de la que se ha hablado en el capítulo del sistema circulatorio. Además, el pulmón recibe otro vaso sanguíneo, la arteria bronquial, que es una rama de la arteria aorta y sirve para alimentar el tejido pulmonar.

Cada pulmón está envuelto por una capa de tejido conjuntivo que lo protege. llamada pleura, formada a su vez por dos capas. Una de ellas entra en contacto directo con el pulmón, mientras que la otra recubre las paredes del tórax. Entre ellas hay una pequeña cavidad que encierra el líquido pleural. Esta estructura es muy apropiada para que el pulmón pueda expandirse Y comprimirse sin ningún rozamiento.

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